25/01/2015 pablomlozano

Tu idea SÍ que vale, y mucho.

Si te consideras emprendedor, te mueves por los círculos de este fascinante mundo, o te gusta estar al tanto de lo que sucede en el universo de la creación de empresas y el lanzamiento de proyectos, seguramente habrás leído en más de una ocasión que las ideas no valen nada. Tal vez, si has sido muy afortunado, podrás haber llegado a, como mucho, leer que las ideas valen muy poco. Y hoy quiero desmentir esa postura, abogar por las -buenas- ideas y argumentar mi postura. Pero antes, pongámonos en situación…

Inversores, fondos de capital riesgo o algún mal-llamado gurú suelen llenarse la boca sumándose al carro de los que apuntan que las ideas no valen nada. Estamos hartos de leer y escuchar que para ser emprendedor, necesitas un buen equipo, cierta dosis de locura, ganas de trabajar muchas horas en tu proyecto y esa pizca de suerte buscada y perseguida para estar en el lugar adecuado y en el momento justo. ¿Y la idea? Tranquilo, emprendedor, la idea es lo de menos… «nos importas tú como emprendedor y el equipo que está detrás…». Pero ese tipo de posturas, además de no ser del todo ciertas, pueden llevarnos al error muy fácilmente.

Si bien es cierto que la actitud del emprendedor, el saber y estar rodeado de un buen equipo, su capacidad de esfuerzo y trabajo o sus dotes sociales y de networking son valores más que necesarios a la hora de comenzar cualquier aventura empresarial o de ir en búsqueda de financiación, no lo es menos que, a menos de que tengas una trayectoria demostrada y seas una suerte de rey Midas de la tecnología con experiencia reconocida, además de todo lo anterior necesitarás una IDEA para poder siquiera sentarte a hablar con un inversor. Y una IDEA, no es lo mismo que una idea. Ideas podemos tener todos y, de hecho, nuestro día a día se basa en ideas cotidianas y sencillas de implementar que nos van llevando por el camino de la vida. «Hoy tuve la idea de ir caminando al trabajo». «Ayer se me ocurrió que la mejor manera de conseguir ese trabajo sería poder llegar a conocer a alguien de la empresa para que me recomendase desde dentro…». Eso son ideas. Y de esas, como decía, todos tenemos. Sin embargo, para poder sentarte con garantías delante de alguna persona a la que quieras hablarle de tu proyecto, debes armarte con una IDEA. ¿Y qué es una IDEA? Una IDEA es una demostración tangible, atractiva y cautivadora de aquello a lo que quieres dedicar todo tu esfuerzo, tiempo y empeño para resolver un problema real o mejorar la experiencia de una realidad ya existente. Desde un proyecto que va a revolucionar la manera en la que nos relacionamos unos con otros, hasta un sistema que nos permitirá dejar de necesitar poner las manos en el volante para que nuestro coche aparque en un espacio dado. La cuestión es que esa IDEA, sea una demostración de que has dado con algo que van a poder usar multitud de personas -mejor si cambiamos «multitud» por «millones»- para experimentar una mejora en sus vidas. Pero además, esa idea debe ser tangible, en la medida en que, cuanto menos, debes poder presentar una maqueta de qué será, qué hará y cómo funcionara aquello que vas a intentar vender en tu exposición. Pero al mismo tiempo, esa maqueta, esa IDEA y la exposición que hagas de la misma, deberá ser lo suficientemente atractiva y cautivadora como para que los presentes se vayan con un buen sabor de boca. No podemos olvidar que, afortunadamente o no, todo entra por los sentidos y la realidad viene determinada por los sentimientos con los que la afrontamos. En este sentido, y salvo la excepción ya mencionada anteriormente de que seas un profesional reputado, invierte tiempo en mejorar una y otra vez tu presentación y tu maqueta hasta dar con un «paquete» atractivo y visualmente tan potente que, aunque de momento no sea más que una promesa de futuro, los presentes sientan tu dedicación, tu gusto y tu empeño en crear cosas cargadas de valor.

Por otro lado, no debemos olvidar que sin idea no hay proyecto y sin buena idea no hay proyecto exitoso. Sin embargo, lo que también es cierto es que de una buena idea inicial, pueden surgir variaciones que vayan dando forma al proyecto definitivo y que, al final del camino, veamos cómo ha evolucionado aquello que un día se nos ocurrió hasta llegar a lo que ahora estamos a punto de lanzar. Y eso es bueno, en la medida en que demuestra la flexibilidad mental necesaria para ir adaptando un producto a la realidad del mercado y del momento. Pero que nadie se engañe. De una mala idea nunca podrá salir una buena evolución. En todo caso, será fácil ver como, de haberlo logrado, nos encontramos ante una nueva idea totalmente diferente, ajena a la esencia de la primera y, por tanto sin nada que ver con aquélla.

Por último, cabe destacar que la idea es el motor que impregna de energía a todo un equipo y es el combustible con el que podemos hacer frente al día a día de la compañía. Porque una idea, una de las buenas, de esas que llamábamos IDEAS, no se queda únicamente en el apartado puramente técnico o de negocio, sino que se reviste de un halo de trascendencia y constituye lo que debe existir detrás de cualquier proyecto empresarial que pretenda tener éxito en el mercado internacional: una cultura, una visión, una manera de comprender y analizar la realidad, de forma que podamos crear una tribu de seguidores que vean las cosas como nosotros. Porque sólo cuando se logra dar ese paso, dejamos de tener usuarios para tener seguidores. Dejamos atrás los clientes para pasar a tener fans. Y en el mundo en el que nos encontramos hoy, ese es el activo más importante que una empresa pueda tener. Y para lograr esa cultura y esa visión, no hay más que desnudar la idea original y entrever a qué responde ese impulso para después revestirlo de la trascendencia necesaria y sincera, que nos haga conectar con los valores más profundos por los que nace el proyecto y que seguramente coincidirán en buena medida con la forma de pensar y ser del emprendedor o equipo emprendedor. Al menos, eso sería lo idea, ya que demostraría que el proyecto y los valores detrás de él son sinceros. Y una vez encontrado ese mantra que nos hará definirnos, diferenciarnos y competir con un equipo cohesionado e involucrado con el éxito de la empresa, estaremos preparados para lanzarnos a conquistar el mercado en busca del éxito.

Así que la próxima vez que escuches que tu idea no vale nada, analízala, desnúdala hasta encontrar el valor que realmente la hace única, conviértela en una IDEA y llénate de valor para ir a defenderla con uñas y dientes ante cualquier persona que esté dispuesta a ofrecerte unos minutos de su tiempo. El mundo es para los osados que se atreven a seguir sus ideas y para aquellos que creen en sus sueños y los persiguen hasta hacerlos realidad.

 

The Future is Ours from Michael Marantz on Vimeo.

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